

(allium sativum)
El ajo molido es una forma sencilla y rápida de añadir ajo en nuestras recetas, ya que nos evita tener pelar y picar, reduciendo así el tiempo de elaboración y de cocinado.
Prueba a mezclarlo con perejil seco y añadirlo al pan rallado -que además es de aspecto muy similar- o a distintas harinas, dándole de esta forma un toque muy especial a empanados y rebozados. Si lo que buscas es un formato más fino, similar a la harina, entonces el ajo en polvo sería tu elección.
Además de la ventaja del ahorro de tiempo, también es importante recordar que el ajo es un superalimento: es vasodilatador, hipotensor, antiagregante plaquetario, hipolipemiante, hipoglucemiante, bactericida, fungicida, antiviral y vermífugo.
Más en detalle, el ajo destaca por su acción vasodilatadora, por la capacidad de evitar la coagulación y favorecer la circulación sanguínea. Mantiene los niveles del colesterol. Ayuda a bajar la tensión sanguínea y aleja la posibilidad de padecer una enfermedad cardíaca. Al reducir los niveles de azúcar en la sangre está indicado también para diabéticos.
Y también funciona muy bien a nivel imnunológico ya que refuerza nuestro sistema.
Nota: el ajo, debido a sus características naturales, tiende a apelmazarse o compactarse. Esto no significa que esté estropeado. Para usarlo basta deshacer las posibles bolas con una cuchara o con los dedos.
Referencias específicas